Estados
Unidos versus China: ¿Qué economía es más grande?
La fabricación de productos chinos, invade el mercado mundial con tal propulsión
que ver productos chinos es como ver vasos descartables.

Cada vez es más común oír que
China adelantará a América en puro tamaño económico en la próxima década o,
ajustando al poder adquisitivo, tan pronto como este año mismo. Algunas de
estas alegaciones son claramente inexactas, la mayoría son engañosas y todas ellas
son potencialmente dañinas.
Estas alegaciones contribuyen a
crear falsas impresiones sobre el futuro de la región Asia–Pacífico, incluso
del mundo en su conjunto. Las percepciones sobre la fuerza e importancia
económicas de China promueven su presencia global, desde sus fronteras hasta el
África subsahariana y América Latina. Una mirada en profundidad, sin embargo,
muestra que la República Popular de China (RPC) es todavía mucho más pequeña y
pobre que Estados Unidos en los más importantes indicadores económicos, de
forma que su verdadero peso económico global es, correspondientemente,
limitado.
Aunque este trabajo se centra en
la economía, toda política de Estados Unidos debe fundamentarse en buena
información sobre la posición relativa actual de China y sobre la que tendrá en
el futuro. Estados Unidos tiene una enorme ventaja económica que debería durar
varias generaciones, como poco. La mejor estrategia para competir con la RPC,
por tanto, empieza por poner en orden la casa americana — y al hacerlo, de
ninguna forma Estados Unidos debe imitar a la RPC. Una guerra con Pekín sobre
qué gobierno puede intervenir más en su economía está condenada al fracaso y
vendría con feos inconvenientes que se han quedado perdido en la histeria sobre
China.
América puede y debe ganar la
competición económica. Sin embargo, no debería poner sus esperanzas en el
fracaso de China. Una China que se debilite o estanque económicamente perjudica
al resto del mundo. Al contrario, una China en un camino más sostenible
beneficia a todos, incluyendo Estados Unidos.
América contra China: Hoy
Uno de los desarrollos más
sorprendentes que resultan de la crisis financiera es la creencia entre los
americanos de a pie de que China se ha convertido en la economía líder del
mundo. Esa forma de verlo hizo su aparición en los momentos más duros de 2009 y
ha persistido incluso aunque el impacto de la crisis ha empezado a retroceder.
Los medios de comunicación en Estados Unidos han transmitido con frecuencia esa
misma creencia. Sin embargo, es patentemente absurda.
La principal razón para la
decepción de los americanos es el empleo: El índice de desempleo oficial de
Estados Unidos rompió el techo psicológico del 9% en los pasados dos años. Es
incluso mayor si contamos aquellos que han dejado de buscar trabajo pero que
trabajarían si pudieran. Por el contrario, Pekín tiene un desempleo en las
ciudades por debajo del 4.5%, pero eso solo incluye aquellos reconocido
oficialmente y nadie cree que sea una cifra correcta – y eso incluye a los
cargos del Ministerio de Recursos Humanos y Seguro Social.
La Academia China de Ciencias
Sociales, controlada por el Estado, situó el desempleo de las ciudades en el
9.4% antes de que el impacto de la crisis financiera se dejara sentir por
completo. El desempleo rural en la RPC excede de largo el 20%. El verdadero
desempleo chino es ciertamente mayor que el verdadero desempleo americano y,
dependiendo de cómo se mida, puede ser mucho mayor.
La competición en ingresos,
mientras tanto, es fuertemente desigual. El producto interior bruto americano
(PIB) fue en 2009 casi $15 billones, mientras que el de China fue de $5
billones, a pesar de tener una población más de cuatro veces mayor. El
americano promedio tenía unos ingresos de $48,000 en 2009, el chino promedio
tenía menos de $4,000. Ambas diferencias se hicieron menores en 2010, como ha
ocurrido casi todos los años de los pasados treinta, pero siguen siendo
enormes.
Es cierto que muchos bienes de
consumo son más baratos en China, algunos mucho más baratos. Los economistas
intentan formalizar los diferentes precios en los distintos países comparando
el poder adquisitivo de la misma cantidad de dinero. La idea es que el mismo
dinero debería comprar la misma cantidad de bienes o servicios en cualquier
sitio. Cuando no sucede porque un país tiene precios mucho más bajos que otro,
por ejemplo, puede ser útil comparar los ingresos usando las diferencias en
precios. Esta diferencia se llama paridad del poder adquisitivo (PPA). El PPA
toma cuenta de que ganar $50,000 anuales en Londres es muy diferente que
$50,000 anualmente en Luanda, Angola. Pero el PPA es, a menudo, poco exacto.
El PPA es una de las razones por
las que se dice que China va a adelantar a Estados Unidos. Ajustando por el
poder adquisitivo, la CIA estima que el PIB de China está cerca de $10 billones
en 2010. Las estimaciones de PPA son imprecisas y algunas cifras para China son
aún mayores. Debido a que China está creciendo rápidamente, el agujero de $5
billones que PPA muestra entre Estados Unidos y China podría, si el crecimiento
americano se estanca, desaparecer en tan poco tiempo como cinco años.
Aunque el PPA es un paso en
principio en la buena dirección, hay múltiples desventajas en el método. Para
economías tan grandes y diversas como América y China, las diferencias en poder
adquisitivo dentro de cada uno son enormes. Está casi desprovisto de sentido
tener un precio promedio para todo Estados Unidos o toda China. Quizá incluso
más importante al comparar dos economías, el PPA cambia con el tiempo. Debido a
que los precios cambian a diferentes tasas en cada sitio, las comparaciones de
poder adquisitivo hechas en cierto momento pueden ser bastante engañosas tras
unos pocos años, e incluso más engañosas si se proyectan hacia el futuro.
La RPC ofrece un ejemplo muy
claro. La inflación china ha sido generalmente mayor que la americana desde
cerca de 1999. Debido al efecto acumulativo, el Banco Mundial ha reducido
retroactivamente el tamaño de su estimación del PPA para el PIB de China en
2005 en más de un 40%. De golpe, la economía china se ha hecho un 40% más
pequeña. Si esto no hubiese ocurrido, el PIB chino sería comparable con el
americano justo ahora. Además, desde 2005, la inflación china ha sido otra vez
más rápida que la americana. El Banco Mundial no repercutido aún en sus cifras
esta mayor inflación. Casi todas proyecciones económicas que sitúan a China por
delante de Estados Unidos en los próximos años se basan en un PPA que está
obsoleto. Estas proyecciones magnifican el PIB chino considerablemente y no se
puede confiar en ellas.
Si la economía de China está
ahora claramente por detrás de Estados Unidos, ¿cuánto durará eso? Aunque los
datos chinos son ciertamente malos, es también cierto que el crecimiento chino
ha superado el americano por un gran margen en los pasados treinta años. Entre
1981 y 2010, el PIB de Estados Unidos se incrementó unas impresionantes 4.7 veces.
Las cifras chinas son menos precisas que parece que el PIB de China se ha
incrementado aproximadamente treinta veces en el mismo periodo. Tal rendimiento
sobresaliente parece que casi garantiza que China superará a Estados Unidos en
los próximos treinta años, y probablemente incluso antes. De hecho, el
notabilísimo rendimiento de la RPC ha llevado a algunas proyecciones
excepcionalmente inexactas de su trayectoria para las próximas tres décadas y
más allá de estas.
¿Adónde va el crecimiento chino?
Los resultados económicos no
están determinados por la historia. Si lo estuvieran, las reformas chinas
habrían fracasado y el sufrimiento previo a 1978 habría continuado. Si lo
estuvieran, Estados Unidos seguiría siendo la mayor economía mundial simplemente
porque lo había sido durante más de un siglo. Si 30 años de crecimiento rápido
garantizasen 30 más, Japón sería ahora la mayor economía del mundo. En vez de
eso, a 40 años de acelerado empuje de Japón por la escalera global le han
seguido 20 años de estancamiento.
Los resultados están
determinados más bien por los recursos y políticas de una nación. Los recursos
incluyen, pero no está limitados a, recursos naturales; también hay importantísimos recursos humanos y
financieros. Pekín en particular ha forzado sin descanso la inversión durante
una década. En 2001, la inversión fija fue el equivalente del 38% del PIB. En
2010, debido a que su crecimiento sobrepasaba fácilmente el PIB cada año desde
2001, la inversión fija fue el equivalente del 70% del PIB. No es posible
exceder el 100% del PIB. La política de propulsión del crecimiento simplemente
por la pura cantidad de dinero gastado no puede extenderse en la siguiente
década como hizo en la anterior — China debe cambiar el rumbo o enfrentarse a
ganancias del PIB fuertemente menores.
En términos de recursos
naturales, las dificultades medioambientales de la RPC son ampliamente
conocidas, como lo es su fuerte dependencia de la importación de materias
primas. China es el segundo importador mundial de petróleo, el mayor de carbón,
el mayor importador de soya y representa dos tercios del comercio mundial en
mineral de hierro por sí sola. Lo mismo sucede con muchos otros metales y el
maíz podría ser lo siguiente.
La dependencia del grano
alimentario se debe a la sobreexplotación de la tierra. Más de un cuarto de la
tierra de China se puede clasificar como desierto y casi la mitad sufre de
erosión del suelo. Relacionado con esto y quizás incluso peor, es raro pero
China está pobremente dotada de agua, elemento necesario para la actividad
agrícola e industrial. La mayor productividad agrícola dirigió el crecimiento
chino y ayudó a compensar los ingresos en los 1980, pero los recursos naturales
se han convertido hace mucho en un obstáculo principal para el crecimiento, en
vez de un propulsor.
El Partido Comunista ha usado
diestramente el valor económico de la rápida expansión de la fuerza laboral
para ayudar a crear un acelerado crecimiento del PIB. El periodo de expansión
demográfica se detendrá en la próxima década, sin embargo, y será seguido de un
periodo de excepcionalmente profunda contracción, debida en parte a la política
china de un solo hijo. A partir de mediados de la década, las siguientes dos
generaciones serán hasta un quinto más pequeñas que la anterior.
Para 2035, cerca de un 20% de la
población tendrá 65 años o más. La figura análoga para Japón fue, en 2008, de
algo por encima del 20% con 65 años de edad o superior. A partir de
aproximadamente 2014 y sobre el curso de dos décadas, la cantidad pura de horas
trabajadas pasará de contribuir casi 2 puntos porcentuales al crecimiento del
PIB a restar cerca de un punto porcentual.
Los límites de inversión,
recursos físicos agotados y el hundimiento que se cierne de la cantidad de
trabajo aportado dejan como directores del futuro crecimiento al uso más
eficiente del trabajo y el capital. Los burócratas del gobierno pueden adivinar
acertadamente, pero inevitablemente cometerán serios errores. Sólo los mercados
competitivos promueven ganancias duraderas de la eficiencia.
A principios de los 90, Japón se
enfrentó a una situación similar — debilitamiento de recursos, declive en los
retornos de capital y reducción de la fuerza laboral. Repetidamente, Tokio
eligió el estímulo fiscal por encima de las reformas. El resultado ha sido poco
agradable.
Tras más de dos décadas de
reformas continuadas de mercado, China intensificó su estímulo gubernamental en
2002 y de nuevo en 2008. La fuerza laboral no ha empezado aún a reducirse y una
economía mixta puede soportar inversiones de bajo rendimiento mucho más tiempo
que una economía de mercado. Sin embargo, en una década el Partido Comunista
deberá apretar los dientes y volver a la senda del mercado o sufrirá la suerte
de Japón. Si falta voluntad política, la historia del crecimiento de China se
desvanecerá como hizo la de Japón y las muchas proyecciones sobre el predominio
chino probarán ser tan ilusorias como fueron las de Japón hace veinte años.
Las preguntas obvias son si y
cuándo empezará la RPC las reformas. Aquí, el ejercicio de escrutinio de China
es todavía adivinación. Es cierto que cuanto más espere Pekín, más dolorosa
será la vuelta al mercado. La economía está ahora distorsionada por inversiones
de modo similar a cómo está distorsionada la economía de Estados Unidos por el
déficit. Como ha pasado con los avisos acerca de los presupuestos americanos
desde 2007, el Consejo de Estado de China ya mencionó la dependencia de la
inversión como un problema en 2004 y desde entonces ha empeorado.
Es más fácil que se hagan
profundos cambios de política en China que la mayoría de países debido a que la
toma de decisiones es centralizada. Aun así, un final repentino a los subsidios
gubernamentales de la inversión podría causar varios años de crecimiento lento
e incluso contracción, tanto si el partido lo reconoce como si no. Es mucho más
probable un cambio gradual de dirección, pero esto extendería el periodo de
ineficiencia económica y destrucción medioambiental. Tal extensión podría
costar a China muy caro al irse deteriorando la situación laboral al final de
esta década.
¿De quién es este siglo
entonces?
Comparando Estados Unidos y
China, el siguiente ajuste de inflación del Banco Mundial bajará aun más la
posición de China (y traerá la comparación por PPA más cercana a la simple
comparación por PIB). La tasa de crecimiento de América es obviamente otra
variable principal. Sin embargo, la mera alta población significa que la RPC
probablemente adelantará a Estados Unidos en algún punto tras reiniciar las
reformas de mercado.
Por ejemplo, si el Congreso del
Partido Comunista de 2012 anulase acciones tomadas en el Congreso del Partido
en 2002 y restaurase el modelo económico de Deng Xiaoping, esto habilitaría
aproximadamente dos décadas más de rápido crecimiento, quizá en el rango del
7—8% para después descender suavemente al del 5—6%, con el tiempo. China
entonces adelantaría a Estados Unidos en tamaño de la economía, ajustado por
PPA, antes de 2025 y en tamaño simple del PIB, sin ajustar, en tres o cuatro
años después de eso. Retrasar las reformas u otros pasos en falso pospondría
las fechas. Finalmente, el ejemplo, algo extremo, de Japón, parece indicar que
China podría también rechazar reformarse, sufrir un estancamiento de largo
plazo y nunca sobrepasar a Estados Unidos después de todo.

¿Y qué ocurre con otras medidas?
El liderazgo económico no puede separarse de la tecnología. Hay muchos
indicadores tecnológicos y éstos cambian con el tiempo. En este momento, las
computadoras personales (PC) representan hasta cierto punto tanto la
productividad de los ciudadanos a través de la tecnología como la herramienta
de la innovación. Los resultados siguen al PIB: las ventas anuales chinas en
breve sobrepasarán las americanas, pero si medimos por habitante, Estados
Unidos está muy por delante. Esto sugiere que China como nación aumentará sus
capacidades, mientras que los americanos, como individuos, seguirán siendo más
productivos.
La productividad se refleja en
el empleo, área en la que las cifras podrían sorprender a los que ven a la RPC
como el líder global. Es generalmente aceptado que la política china está
dirigida primeramente por la necesidad de crear empleos, pero no se comprende
bien la magnitud de la tarea. Cuando el desempleo se mide por aquellos que
quieren trabajo y no lo tienen, el desempleo en China es el doble del de
Estados Unidos, incluso en un muy mal año para la economía americana. Esta es
una carga difícil de superar para China.
Las aseveraciones que la RPC
hace de ser líder son más fuertes en otras áreas. La enormidad de reservas de
divisas que tiene China se cita a menudo como prueba de su poder. La cifra
oficial es de $2.85 billones al final de 2010 y aun sigue aumentando. Sin
embargo, se suelen ignorar dos hechos importantes sobre las reservas. El
primero es que, por razones técnicas, no se puede gastar en necesidades
imperiosas dentro de la propia China y se deben mantener en el extranjero.
Incluso eso sugiere gran influencia financiera china en todo el mundo. El
segundo hecho es que las inversiones americanas en todo el mundo son más
grandes. A finales de 2009, la última cifra disponible, la cartera de
inversiones de Estados Unidos fue de casi $6 billones. Las inversiones directas
de Estados Unidos en el extranjero excedieron los $3.5 billones. Incluso cuando
consideramos la inversión china más allá de las reservas oficiales, las
inversiones totales americanas son cerca de tres veces mayores que el total de
inversiones chinas.
China es el mayor exportador del
mundo y probablemente se convertirá en 2012 en el mayor comerciante del mundo
(es decir, considerando la suma de importaciones y exportaciones). Su impacto
en la demanda global para muchos bienes rivalizará con y a menudo excederá el
de Estados Unidos. Hay, por supuesto, un problema habitual asociado al
comercio: China es más dependiente de los mercados y suministros extranjeros
que América. Las exportaciones puras son unas tres veces más importantes para
el PIB chino que para el americano. La dependencia energética de la RPC es
comparable a la de América, pero China es mucho más dependiente de grano y
metales extranjeros de lo que es Estados Unidos. La posición líder de China en
comercio es evidente, pero viene acompañada de un precio que es también
crecientemente evidente.
Competir y ganar
La economía de China está,
obviamente, alcanzando a la de América y es probable que tome el liderazgo en
importantes indicadores económicos y de comercio en breve, incluso aunque siga
yendo detrás en otros. América nunca ha encarado este tipo de test económico.
Durante más de 60 años, Estados Unidos ha permanecido, simplemente, sin
enfrentarse a ningún desafío; durante 160 años antes de eso, Estados Unidos fue
subiendo la escalera de la economía global.
A pesar de esto, América
conserva múltiples ventajas de tipo crítico con respecto de China. Como se ha
comentado, los resultados económicos tienen su raíz en elecciones políticas y
la posesión de varios tipos de recursos. En recursos naturales, Estados Unidos
tiene una ventaja clara. Dependiendo del indicador utilizado, Estados Unidos
puede tener el doble de agua que la RPC. Estados Unidos tiene más tierra
cultivable que China con menos de un cuarto de población que alimentar. América
tiene mayores reservas de carbón y a la vez depende menos de él. La polución,
en cualquiera de sus modalidades, es un problema mucho menor en Estados Unidos,
lo que indica que el valor de los recursos físicos seguirá siendo mayor en el
futuro lejano.
La comparación de recursos tiene
implicaciones inmediatas para la otra mitad del éxito económico — la política.
En todo el mundo y a lo largo de la historia, se ha comprobado que mayores
derechos de propiedad individual mejoran el valor de los recursos, tanto a
corto como a largo plazo. Esto puede verse de forma espectacular en la China de
los 80, donde un mínimo de derechos de propiedad para los granjeros causó una
explosión de productividad agrícola y de ingresos en las áreas rurales.
Desafortunadamente, los pasados años hemos visto a la RPC volver a adherirse a
la propiedad “estatal”, que difumina la responsabilidad y menoscaba la
sostenibilidad. Los subsidios empeoran las cosas, promoviendo patrones de
desarrollo insostenibles.
Respecto a la contribución del
trabajo a la economía, un indicador sencillo de la ventaja de América es el
ratio PIB por empleado — Estados Unidos tiene una economía mayor a pesar de una
fuerza laboral menor. La ventaja americana es del orden de once veces
superior(11:1); el trabajador americano es once veces más productivo. La
manufactura, donde se piensa que China es el nuevo líder mundial, requiere más
de ocho trabajadores chinos para igualar la producción de un trabajador americano.
Aunque la productividad ha ido aumentando en la RPC, el giro demográfico que va
a experimentar significa que la fuerza laboral se reducirá. Durante la próxima
generación, China se transformará de una sociedad más joven que la de América a
una más vieja, con proporcionalmente menos trabajadores.
La mayor productividad hace al
trabajador promedio americano mucho más próspero que el chino. Y tampoco esta
prosperidad se alcanzó a expensas del empleo; hay más fuerza laboral empleada
en Estados Unidos que en la RPC. La buena política pública incluye educación y
formación eficaces y una fuerza laboral joven. Hay también un componente
financiero en los cambios de la fuerza laboral: en algún momento se tendrán que
afrontar las futuras pensiones sin fondos que las respalden. Tan grandes como
son en Estados Unidos, son más pequeñas en relación con el PIB de lo que lo son
para China.
En lo referente al capital, el
desempeño actual de ambos países es pobre. Hace solo unos pocos años, Estados
Unidos disfrutaba de un crecimiento del 2 al 3% del PIB sin necesitar financiar
déficits con préstamos de $1.5 billones. Hasta 2003, la inversión china creció
tan rápidamente como el PIB; desde ese año ha crecido más del doble de rápido.
El retorno de la inversión, pública y privada, de ambos países está cayendo
según más recursos financieros se desvían al estado y este los aplica en
proyectos antieconómicos, repitiendo los errores hechos, y que continúan, en
Japón. También por imitación de Japón, los tipos reales de interés estuvieron
por debajo del 2% en 2010, mientras que las tasas reales chinas fueron
negativas. Las tasas peligrosamente bajas en América y China están ligadas
entre sí por un conjunto de penosas políticas que van más allá de simples
objetivos de tasas de interés y han creado exceso de liquidez en todo el mundo.
Como el Índice de Libertad
Económica ha mostrado tanto en el tiempo como en los países, cuanto más rápido
que cualquier nación contenga la financiación pública más ventaja tendrá para
contribuir al crecimiento económico. Tanto si es el gobierno americano pidiendo
prestado como si se trata de las muchas políticas chinas que propulsan el papel
de la inversión en la economía, con el tiempo se corregirán los excesos,
voluntaria o involuntariamente.
Entretanto, se debe frenar el
deseo de imitar los subsidios chinos de algunos políticos americanos. Los
subsidios chinos van casi exclusivamente a entidades estatales fuertemente
ligadas al partido tanto a nivel institucional como personal. Los subsidios han
amplificado las disparidades de ingresos, cuando estos se contuvieron en la
primera década de reformas (cuando se recortaron los subsidios). Aunque parece
que los subsidios incrementan el crecimiento, con el tiempo son insostenibles y
las aparentes ganancias son ilusorias. El gobierno no está estructurado para
crear riqueza y los subsidios estimulan el desarrollo de una economía menos
eficiente. Mientras china invade los mercados mundiales con sus productos, incluso los Estados Unidos.
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